Baldur's Gate 2: Shadow of Amn

El Sanatorio

Después de observar como ni el sueño ni ningún antídoto de los que llevábamos encima conseguía vencer la maldición de la que la mayoría de nosotros éramos víctimas, decidimos visitar el templo que había en el distrito en el que estábamos.

Después de abonar 750 monedas de oro cada uno para someternos a una restauración total y ver como, milagrosamente, habíamos recuperado nuestras habilidades, decidimos que estábamos en condiciones de volver a Graveyard para acabar lo que habíamos empezado un día antes.

Todo seguía exactamente igual a como lo habíamos dejado, así que seguimos avanzando por las catacumbas hasta encontrarnos con Lassal y vencerle a pesar de sus palabras de fanfarroneo. Avanzando más en el complejo entramado que formaban las catacumbas nos encontramos con un tal Bodhi que nos contó que Imoen había escapado y, seguidamente, nos atacó. Por suerte estuvimos hábiles y conjuramos un elemental de fuego para que hiciera el trabajo por nosotros.

Después de eso se hacía necesario visitar a Linvail para que de una vez por todas nos ayudara a liberar a Imoen. Cuando hablamos con él nos contó que ella e Irenicus estaban en la prisión del hechicero y que había usado el dinero que le dimos para contratar un barco y el silencio de la tripulación para que pudiéramos llegar hasta la isla en la que estaba la prisión del hechicero, conocida también como el Sanatorio. También nos suministró la compañía de una tal Sime que nos ayudaría una vez llegáramos a la ya citada isla.

Una vez en nuestro destino nos percatamos de que el capitán del navío nos había parado una emboscada que conseguimos zafar con valentía a falta de una táctica mejor.

En la ciudad varios piratas nos atacaron pero no resultaron un gran problema para nosotros. En la parte superior había una entrada custodiada por un tipo al que pagamos 300 monedas y nos dejó entrar.

En el interior hablamos con Desharik para que nos ayudara a entrar en el Sanatorio y, gracias a la ayuda de Yoshimo, conseguimos que nos encerraran. Lo cierto es que la razón por la que íbamos a ser encerrados no dejaba de resultar extraña, pero tampoco nos lo planteemos demasiado por aquél entonces.

Una vez en el Sanatorio, Lonk el cuerdo nos dejó salir de la celda para pasear un poco hasta que llegara la noche. Paseando nos topemos con Imoen, que no nos reconoció y parecía totalmente ida, estaba claro que Irenicus era el culpable de ello, así que la rabia empezaba a apoderarse de nosotros.

Después de dar varias vueltas y no encontrar salida alguna decidimos que había que hacer algo, así que atacamos a Lonk el cuerdo, nuestro carcelero. Cuando llevábamos a cabo esta acción apareció una voz... era Irenicus, que agradeció la ayuda a Yoshimo y nos amenazó diciendo que había llegado el momento de nuestro final y que era el nuevo amo del Sanatorio.

Después de todo, Yoshimo había resultado ser un traidor y por lo visto todo el viaje había sido un montaje, ya que en el barco nos habían suministrado drogas en la comida para que no pudiera desatar mis poderes... aunque no sabía que clase de poderes.

De pronto nos encontramos en una especie de cúpula e Irenicus se disponía a acabar conmigo ante la mirada de Yoshimo y Imoen. Mientras invocaba sus poderes yo lancé un último grito a Yoshimo para intentar hacer que cambiara de bando otra vez, pero según parece no estaba dispuesto a hacerlo... a pesar de que continuamente repetía que no había tenido más remedio que traicionarnos.

De pronto aparecí solo en una especie de sueño en el que la voz de Imoen me decía que no luchara. En la entrada había un dragón que me pidió que sacrificara alguna de mis facultades, así que decidí que sacrificaría algo de mi sabiduría, ya que el miedo me impedía sacrificar nada pertinente a mi cuerpo, un cuerpo que había de defenderme de la muerte.

En el interior del edificio me topé con Imoen y me dijo que atrajera a Baal hasta allí, que juntos lo venceríamos... y así lo hice. Fui al exterior, hice que Baal me siguiera y, una vez dentro del templo, le ataqué... aunque la ayuda de Imoen me pareció del todo inútil.

Después de eso aparecí de nuevo en la cúpula de cristal con Irenicus fanfarroneando de que había conseguido drenar aquello que a mi y a Imoen nos daba la divinidad, ya que, según todo indicaba, Imoen y yo éramos hijos de Baal.

Fue entonces cuando Irenicus abandonó la escena y le dijo a Bodhi, la misma contra la que nos enfrentamos y vencimos en su momento, que nos matara. Así pues, Bodhi nos había preparado un juego quizá demasiado peligroso... al cabo de unos minutos nos vimos metidos en un laberinto de puertas detrás de cada una de las cuales había un mal mayor que el anterior, un lugar verdaderamente peligroso. Por suerte Imoen y lo que quedaba de nuestro grupo (todos menos Yoshimo) estábamos de nuevo juntos, teníamos que salir de allí como fuera.

Lo primero que conseguimos hacer fue bajar hasta lo que parecía ser una especie de sótano, matar un puñado de demonios y coger un fragmento de cristal de Kurstulmak, sin tener la certeza de para que nos podría servir.

Debido a la multitud de enemigos nos vimos obligados a hacer uso de todas las invocaciones a las que teníamos acceso y de alguna que otra pequeña estrategia. Más adelante nos topemos con un tal Dace Sontan que nos contó que Bodhi lo había encerrado y que ahora él había sellado el camino y que solo su propia mano podría abrirlo.

Después de acabar con él y liberar a su espíritu de la agonía tomamos prestada su mano del féretro y la usamos en la entrada sellada que había a la izquierda del patio central.

Al adentrarnos por el pasillo subimos unas escaleras y, una vez arriba, nos vimos obligados a acabar con todo tipo de enemigos para poder seguir adelante por el laberíntico complejo de pasadizos y puertas.

Lo primero fue forzar una puerta camuflada en la pared, accionar una palanca para abrir otra puerta oculta que estaba enfrente y entrar en esa sala para, después de acabar con los trolls que había dentro, conseguir algo de dinero y un símbolo de mithril el uso del cual nos era desconocido.

Fue entonces cuando seguimos hacía el sur y, después de matar a unos cuantos minotauros y un par de trolls, nos encontramos de nuevo cara a cara con Bodhi.

Cuando nos atacó algo tomó parte de mi cuerpo inconscientemente y me metamorfoseé en una criatura horrenda que atacaba a todo el mundo y que a punto estuvo de acabar con la vida de mis compañeros.

Cuando Bodhi vio a tan horrenda criatura se esfumó del lugar diciendo que eso tenía que saberlo Irenicus. Después de volver a mi forma natural vi que en la sala en la que estábamos había una puerta cerrada y una estatua a la que le faltaban los dos cuernos.

Volviendo sobre nuestros pasos nos encontramos con uno de los cuernos en una habitación en la que no habíamos penetrado por aquél entonces. Al sur de la sala de la estatua estaba el otro cuerno, así que con ambos en nuestro poder conseguimos accionar el mecanismo necesario para que se abriera la puerta cerrada.

En ella había un puñado de enemigos y un agujero en el centro, una vez acabamos con ellos nada pareció suceder y nos vimos obligados a volver sobre nuestros pasos para seguir buscando una salida.

Buscando por el lugar encontramos un cuadro de un djinni, otro de un troll, otro de una mole sombría y otro más de un azotamentes. También encontramos una sala en la que habíamos de resolver doce enigmas después de los cuales ganaríamos experiencia.

También encontramos un portal del que salió un demonio muy complicado de vencer. Cuando lo conseguimos miramos de nuevo el portal y una enigmática frase fluía de él como fluye el agua de un riachuelo:

¿Tres piedras brillantes serán la llave. Cuando el Portal se abra, nadie sabrá si lo que suceda será tu condena o tu salvación...¿

Aquello sin duda me dejó bastante aturdido, pero debía seguir adelante sin prestar demasiada atención a todo este tipo de cosas, lo que tuviera que suceder iba a suceder igualmente.

Hartos de dar vueltas volvimos a la sala del agujero en el centro y, después de matar a un trasgo que por lo visto seguía con vida, se nos apareció una visión que pretendía realizarnos unas pruebas para dejarnos marchar del Sanatorio.

Llegados a este punto no sabíamos si negarnos o aceptar llevar a cabo tales pruebas ya que, al fin y al cabo, no tendríamos que tener ningún problema para superarlas, así que aceptemos y después de solucionar todos los enigmas que se nos plantearon nos dejaron en libertad.

Había llegado el momento de encontrar a Irenicus y ajustarle las cuentas de una vez por todas.

La profecía de los hombres-tiburón y la ciudad de los Drow

Una vez fuera nos encontramos con Saemon Havarian, el capitán que anteriormente nos había parado una emboscada, y nos dijo que no podríamos vencer a Irenicus nosotros solos y que nuestra única posibilidad pasaba por formar un ejército con los hechiceros encerrados en el Sanatorio.

Después de pensar en ello durante un instante llegamos a la conclusión de que tenía toda la razón y subimos al piso superior, donde estaban las celdas. Allí nos topamos con Lonk el Cuerdo (nuestro carcelero) y, después de pagarle 2000 monedas, liberó a todos los reclusos.

Entonces fue cuando los convencí de hacer un frente común para vencer a Irenicus y, después de que consiguiéramos hacerlo retroceder, se fue y nos dejó unos cuantos soldados como recuerdo; recuerdo que hicimos desaparecer en pocos segundos.

Después de eso nos encontramos con Saemon de nuevo y nos contó que sabía donde estaba Irenicius y que, si lo creíamos oportuno, nos llevaría hasta allí con su barco. A pesar de que era un tipo del que no era muy inteligente fiarse, decidimos aceptar su propuesta a falta de una opción mejor.

Antes que nada Saemon nos llevó de vuelta a la ciudad, donde recuperamos fuerzas y vendimos algunos de los objetos que habíamos ido recopilando por el camino. También aprovechamos para descansar un poco y tener otro de aquellos extraños sueños que me perseguían a dondequiera que fuera.

Al día siguiente dimos un paseo por la ciudad y entramos en una de las casas, donde un mago nos atacó sin que llegáramos a saber el motivo, así que tuvimos que acabar con él.

(Si entramos solo con Naila el mago nos ignora y podemos atacarle impunemente hasta matarlo).

En la taberna nos encontramos otra vez con Saemon y nos dijo que ya no teníamos barco porqué nos lo habían hundido y que la única opción que se nos planteaba era la de robar el del jefe de los ladrones que, según Saemon, era el culpable del hundimiento de nuestro medio de transporte.

El plan consistía en esperar a que la noche llegara y entonces desplazarnos hasta el hogar de Cayia para robar el cuerno con el que se indicaba a los guardianes de la ciudad que abrieran las puertas porqué iba a salir un barco. Así lo hicimos y nos reunimos con Saemon junto a nuestro nuevo medio de transporte y lo asaltamos eliminando el guardián que lo protegía.

El problema surgió cuando fuimos sorprendidos por el jefe de los ladrones y le que tuvimos que hacer frente. Fue un combate relativamente fácil y, aunque pudimos acabar con todos sus soldados, él escapó.

Después de eso Saemon me regaló una especie de espada y la acepté porqué sus palabras parecían sinceras, aunque como dice el dicho: "temo a los griegos incluso cuando traen regalos", y si no que se lo pregunten a los pobres troyanos.

A media travesía fuimos abordados por un barco de githyankis que decían que les habíamos robado una espada sagrada. Fue en ese momento en el que entendí porqué Saemon nos había hecho un regalo, ya que un instante después de oír tales acusaciones nos señaló como los culpables.

El combate se presentaba bastante complicado y Saemon se había ganado a pulso mi odio, así que en aquél momento lo único que me pasaba por la cabeza era como acabar con los githyankis y, de paso, matar a Saemon como venganza por todos los problemas que nos había causado hasta el momento. No obstante, antes de que llevara a cabo tales acciones el barco empezó a hundirse, los githyankis huyeron y nosotros acabamos naufragando irremediablemente.

Por suerte o por desgracia despertamos en la ciudad de las cavernas, junto a un grupo de hombres-tiburón (sajuaguin) que se empeñaban en decir que una profecía anunciaba nuestra llegada y que debíamos liberar a su pueblo de la destrucción, así que nos llevaron ante la presencia del rey.

El rey parecía tan seguro como nosotros de que éramos los elegidos, así que tuvimos que demostrarle nuestra fuerza, tras lo cual nos solicitó que matáramos al líder de los rebeldes y que, a cambio, nos daría varios objetos mágicos.

Dada situación en la que nos veíamos envueltos, enojar al rey no parecía lo más indicado, así que aceptemos la oferta sin poner ninguna objeción.

Después hablamos con la sacerdotisa que nos indicó el lugar donde podíamos encontrar al líder rebelde y nos dijo que su rey estaba loco y que envés de matar al príncipe rebelde Villynaty, habláramos con él y lo ayudáramos.

Le dijimos que haríamos lo que creyéramos más justo y nos dio una orbe que debíamos enseñar a los rebeldes para que nos llevaran ante la presencia del príncipe.

Lo primero que hicimos fue encontrar el diente de Sekolah, que estaba custodiado por un contemplador al que tuvimos que eliminar, después de lo cual fuimos hacia el norte, bajamos las escaleras, abrimos la puerta con la ayuda del diente y hablamos con el cacique para que nos llevara ante el príncipe.

Después de hablar con él decidimos que lo más justo parecía ayudarle, así que aceptemos llevar un corazón falso con el que engañar al rey, ya que era la prueba que nos había solicitado.

Después de entregar el corazón al rey, ser descubiertos y vernos obligados a participar de forma activa en la ofensiva rebelde, fuimos obsequiados por el nuevo rey con un buen número de regalos incluida una cuerda mágica que usamos para descender por el pozo junto al que anteriormente se resguardaba el actual rey y la cual conducía a una especie de gruta subterránea.

Allí había un pequeño campamento donde pudimos vender algunos objetos, eso sí, a un precio irrisorio.

Nos dirigimos entonces hacia el pueblo que hay al noroeste y, después de eliminar una bestia que estaba molestando a sus habitantes y sellar el túnel en el que se hallaba, nos dieron una piedra de luz.

Gracias a esta piedra de luz pudimos entrar en el túnel oscuro en el que hacía unos momentos no podíamos penetrar y, una vez dentro, nos encontramos con Adalon, un dragón plateado que nos dijo que los Drow le habían robado sus huevos y que si los rescatábamos nos ayudaría a salir de la infraoscuridad.

Para ello Adalon nos cubrió con un manto de apariencia bajo el cual aparecíamos a los ojos de los demás como si fuéramos Drow y, para que el guardián nos dejara entrar en la ciudad Drow, le dijimos que veníamos de Ched Nasad y buscábamos refugio.

Una vez dentro un Drow llamado Solaufein nos impuso una misión a realizar. Debíamos reunirnos con él al sureste de las cavernas para rescatar a Phaere, de la casa Despana.

Después de pensar un poco creímos que lo más oportuno era seguir las ordenes de Solaufein para no levantar sospecha, así que fuimos hasta el punto de encuentro, liberamos a Phaere y volvimos de nuevo al poblado Drow.

En la taberna nos encontramos con Phaere que, además de darnos las gracias, nos instó a encontrarnos con ella en la plataforma que había a la entrada del poblado.

Para hacer algo de tiempo estuvimos participando en algunos combates en la taberna y descansemos un poco en una de sus habitaciones. Una vez en la entrada nos dijo que debíamos matar a un contemplador que había al sureste de la ciudad.

Nos dirigimos hasta el punto indicado y después de acabar con él volvimos de nuevo a la taberna y hablamos con Phaere, que nos ordenó dar una pequeña lección a los gnomos del poblado que había al noroeste.

Siguiendo con nuestra estrategia de no buscar problemas fuimos hasya el citado poblado y una vez allí matamos a una patrulla, cogimos el casco del líder y volvimos a la taberna a hablar una vez más con Phaere.

Todas las misiones que estábamos llevando a cabo tenían como trasfondo la intención de ascender en popularidad en el poblado y así tener acceso algún día a la sala donde estaban los huevos del dragón, aunque si esta fama no llegaba con suficiente rapidez nos veríamos obligados a tomar algún otro camino.

Nos dirigimos entonces a la asociación de mujeres guerreras y Phaere nos ordenó que matáramos a Solaufein, proposición que aceptamos sin poner ningún tipo de pega.

Fuimos entonces a la asociación de hombres guerreros e informamos a Solaufein de los planes de Phaere y, entre los dos, ideamos un plan para engañarla. Solaufein huyó de la ciudad mientras nosotros llevábamos su capa a Phaere como prueba de su muerte, tras lo cual Phaere nos instaría a visitar a la madre matriarca Ardulaz.

Una vez en su presencia nos dijo que debíamos llevarle la sangre de una de las tres razas vecinas. De entre las posibilidades que se nos ofrecían, decidimos que lo mejor era ir a por el orbe viejo; así que salimos del poblado, entramos en su cueva del sureste y, después de eliminarlo, le arrancamos un tentóculo.

Le dimos este tentóculo a la madre matriarca y nos fuimos hasta la asociación de guerreras, donde acordamos traicionar a la matriarca junto con Phaere. Según ella, los huevos de dragón plateado iban a ser ofrecidos a un demonio en sacrificio y que si los substituíamos por unos falsos el demonio acabaría con la matriarca que le está ofreciendo tal cosa y Phaere podría entonces ofrecerle los huevos auténticos y convertirse en la nueva matriarca.

Fuimos entonces hasta la tesorería para sustituir los huevos y a medio camino nos encontramos a Solaufein, que nos dio otros huevos falsos con los que engañar a su vez a Phaere, huevos que aceptamos sin pensarlo un instante, ya que si el demonio era invocado por cualquiera de las dos la cosa pintaría muy mal para los Elfos guerreros de la superficie.

Entramos entonces en la tesorería, cambiamos los huevos y huimos cerrando la puerta para que un puñado de golems que había en la sala no acabaran con nuestras vidas.

Fue entonces cuando nos dirigimos hasta la asociación de mujeres guerreras y le dimos a Phaere los huevos falsos que nos dio Solaufein.

Después de esto apareció un siervo del dragón plateado que nos dijo que para poder salir de la ciudad la madre matriarca debía morir, así que nos vimos obligados a presenciar el ritual de invocación al demonio con la esperanza de que los planes de Phaere se cumplieran y la madre matriarca fuera eliminada.

El demonio se percató inmediatamente del engaño y mató a la madre matriarca y a Phaere, tras lo cual iniciamos una huída desenfrenada hacia la cueva del dragón plateado.

Una vez allí el dragón nos agradeció que le trajéramos sus huevos y nos llevó a la superficie, a la cual pudimos acceder después de eliminar unos drow y hablar con un elfo de la guerra que nos dijo que subiéramos e informáramos a Elhan.

Por fin habíamos llegado a la superficie y podríamos de nuevo seguir los pasos de Irenicus.

La muerte definitiva de Irenicus

Una vez en la superficie nos llevaron ante la presencia de Lean para que examinara si estábamos de parte de Irenicus y, una vez demostrado que no era así, nos encargaron la misión de encontrar la lintherna Rin que sospechábamos que podía haber sido robada por Bodhi. Así que pusimos rumbo hacía el cementerio a medio camino del cual nos topamos con Drizzt y sus hombres a los que convencimos para que nos ayudaran.

En el cementerio fuimos hasta la entrada del oeste, donde nos enfrentamos a un sinfín de vampiros en el primer nivel. Fue entonces cuando decidí adelantarme solo y, evitando pasar por el comedor, me fui directo al estanque de sangre y allí me encontré con Drizzt, el cual estaba acabando con un puñado de vampiros.

Aproveché la ocasión para lanzar agua bendita en el estanque de sangre y todos los vampiros se debilitaron y sus movimientos se volvieron más lentos, haciendo el combate mucho más sencillo para nosotros.

Me reuní entonces de nuevo con mis compañeros y juntos avanzamos por el comedor eliminando a los vampiros con los cuales nos cruzábamos. Bajamos entonces por las escaleras, desactivamos una serie de trampas que había y nos enfrentemos con más criaturas a las que pudimos vencer en parte gracias a la ayuda de Drizzt.

(Lo mejor es avanzar por esta zona con nuestros guerreros y dejar en segundo plano a clérigos, magos o similar).

Fue entonces cuando, una vez muerto Bodhi, buscamos en los cuerpos que había desparramados tanto por la cámara en la que estábamos como en la antesala. También quemamos a Bodhi en su ataúd y, además de ganar experiencia, nos hicimos con su corazón y con la famosa Lintherna Rhynn

Después de esto volvimos hasta donde estaba Elhan y hablamos con él. Nos contó un poco más sobre Irenicus y Bodhi y nos llevó hasta la entrada de ciudad Elven.

(En la ciudad Elven además de ganar aún más experiencia es recomendable salvar partida y, si lo preferimos, antes de entrar podemos dedicarnos a solucionar algunas misiones que nos hayan quedado colgadas, de manera que podamos ganar algo de experiencia extra para enfrentar el tramo final del juego con garantías).

Entramos entonces y acabamos en las tierras elfas de Suldanesslar, donde Elhan nos contó donde podíamos encontrar a Ellesime y Demin, aunque fue algo complicado debido a la acumulación de monstruos de todo tipo por la zona.

Primero fuimos al norte y encontramos dos golems de piedra y uno de barro. Allí conseguimos una capa y un cuerno de piedra, después de lo cual volvimos a donde se hallaba Elhan.

Fue entonces cuando nos dirigimos al oeste por la zona de la casa del talismán, más arriba de la cual estaba la casa de un sacerdote, de la cual cogimos un objeto del escritorio y, nuevamente en la casa del talismán, resolvimos el problema que se nos planteaba para conseguir finalmente el talismán de rillifane.

(La solución está en el objeto que cogimos de casa del sacerdote y cuya combinación es corellan, rillifane, agua y árbol).

Después de eso salimos y nos dirigimos al este hasta la torre de la casa de Demin, donde acabamos con unos esqueletos. Fuimos entonces al oeste donde tuvimos que eliminar a un hechicero Drow, aunque fue un combate muy complicado ya que algunos de nosotros caímos en los hechizos de laberinto que nos mantenían apartados de la acción.

Cuando murió Raamilat fuimos de nuevo a la casa de Demin y nos la encontramos siendo presa del ataque de tres rakshasas a los que eliminamos fácilmente enfocando nuestro ataque al líder del grupo. Hablamos entonces con Demin para aprender más acerca de Irenicus y llegamos a la conclusión de que debíamos encontrar tres artefactos con los que invocar el avatar de los leaflord. Ya teníamos en nuestro poder el talismán de Rillifane, así que solo nos quedaba dar con una copa de oro y la espada moonblade.

Caminamos entonces hacia el sudeste, hasta la zona donde eliminamos anteriormente a unos esqueletos guerreros y desde allí seguimos hasta la casa de la luna, donde fuimos testigos de un combate en el que los dos participantes acabaron muertos. Gracias a ello cogimos la espada moonblade del cadáver del guerrero y pusimos rumbo al noroeste. Paramos por la casa de la arpista, cogimos el arpa de piedra, fuimos hasta el claro del bosque y, después de hablar con Nizidramanii'yt, el dragón negro que custodiaba la copa de oro, nos la dio a cambio de todo lo que llevábamos encima en aquél instante, que gracias a nuestra previsión no era demasiado.

(También podemos enfrentarnos a él y quitarle la copa de oro, aunque es una acción que resulta algo complicada al tratarse de un dragón negro. Quizá lo mejor sea dejar las cosas que llevemos en el suelo y hablar con él, conservando así las posesiones, pero perdiendo igualmente el oro).

Con los tres objetos en nuestro poder nos dirigimos hacia el oeste, al templo de Rillifane. Dentro de él y, después de acabar con los enemigos, pusimos encima de la mesa la copa de oro, el talismán de Rillifane y la espada moonblade, con lo cual apareció el ya citado avatar y tuvimos acceso al palacio que había al norte.

Una vez en él entramos en el interior del árbol y cogimos todas las nueces que pudimos, cuatro de ellas comestibles y otras cuatro no.

(Las comestibles actúan como pociones de curación más potente que las normales, así que es recomendable usarlas con el personaje principal en sus slots de acceso rápido).

Seguimos entonces a través de la puerta y después de encontrar unos extraños mecanismos en las dos estatuas que había en el interior descubrimos que el flujo de agua cesaba y que aparecían ante nosotros unas escaleras.

Fuimos entonces a parar al primer nivel del árbol de la vida, donde nos encontramos con los tres parásitos de los que nos habló Ellesime, así que simplemente acabamos con ellos. Cuando nos acercamos aparecieron dos elementales intentando protegerlos y acabamos también con ellos.

(Antes de acabar con los tres parásitos es recomendable guardar partida y descansar porqué inmediatamente después nos encontraremos con el combate contra Irenicus).

Nuestro enfrentamiento con Irenicus fue todo lo complejo que cabía esperar, ya que al fin y al cabo era el enemigo al que andábamos persiguiendo desde hacía tanto tiempo y contra el que, por fin, podríamos luchar con la esperanza de que no huyera como ya hizo en su momento en el Sanatorio.

Sin duda alguna Irenicus era un hechicero increíble e hizo desaparecer todos los refuerzos que habíamos invocado con un simple ademán a la vez que se protegía con una casi impenetrable barrera y nos atacaba despiadadamente encerrándonos en laberintos, parando el tiempo y llevando a cabo los más habilidosos ataques; sin duda alguna se nos planteaba un combate muy complejo de superar con éxito, aunque finalmente lo conseguimos cuando temporalmente desactivo algunas de sus protecciones para atacarnos físicamente con lo cual lo atacábamos e huíamos tratando de que no nos golpeara.

Después de eso nos encontramos de pronto en el infierno, donde nos vimos forzados a superar cinco complejas pruebas. La primera de ellas era la de cólera y se encontraba al oeste, donde nos enfrentamos al gran Sarevok, un luchador que no hacía uso de ninguna clase de hechizos y al cual vencimos aprovechando este aspecto y haciendo uso, en parte, de los hechiceros del grupo. Así fue como conseguimos la primera lágrima de Bhaal.

(Si quieres descansar después de este combate puedes hacerlo en el área principal, ya que nadie te molestará).

Hacía al sur nos encontramos con la prueba de la codicia, que resultó simplemente el hecho de coger una navaja negra del demonio que había y dársela al djinni, con lo cual ganamos la segunda lágrima de Bhaal y notamos como si hubiéramos ganado experiencia al realizar tal acción.

Hacia el sur de la área principal del infierno nos encontramos con la prueba del egoísmo que superamos sin demasiado esfuerzo.

Al sudeste estaba la prueba del miedo, donde me dieron a elegir entre aceptar o no una capa de valor, la cual rechacé y atravesé valientemente la caverna hasta encontrar otra lágrima de Bhaal, aunque lo cierto es que antes de entrar en la cueva me lancé un hechizo de resistir miedo.

La prueba final tuvo lugar en el este y era la de orgullo. Respondimos al cuestionario del demonio y renunciemos a matar una criatura por el simple hecho de que "se halle en nuestro camino", con lo que un dragón nos dio la última lágrima de Bhaal que necesitábamos.

(Dependiendo de como hayamos actuado nuestra alineación puede cambiar hacia maldad, lo que supondría la muerte inmediata para un Paladín. Dependiendo también de nuestra alineación al abrir los cinco sellos de la puerta conseguiremos beneficios distintos).

Abrimos entonces la puerta final y nos encontramos con la encarnación de Irenicus que no hubiera resultado extremadamente difícil si no hubiera sido por sus dos acompañantes. Aún así, después de una funesta batalla acabamos con él... y así fue como libramos al mundo de su maléfica presencia de forma definitiva.

(Desgraciadamente, llegados a este punto no podréis continuar el juego después de derrotar a Irenicus, aunque siempre podremos cargar una partida anterior o empezar un nuevo juego importando tu personaje en un juego nuevo).

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